Confesiones de un coleccionista

Soy un coleccionista de relojes desde mis años mozos y no creerás lo que se encuentra en la web.

 

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Coleccionista de relojes

Todo comenzó en la secundaria. Alguien muy especial me regaló en mi cumpleaños un reloj Casio con calculadora. Lo guardé en un cajón y ahora es una reliquia de otros tiempos. 

Enseguida vendría un Swatch, disque suizo, pero en todo caso muy original (es de plástico con imágenes de Manhattan en blanco y negro y el mecanismo de relojería a la vista). 

Luego, cuando menos me lo esperaba, habían pasado 15 años y ya tenía una pequeña colección, en diversos formatos y con varios diseños.

Una amiga mía, aficionada a la psicología, me dice asombrada al ver mi pequeño museo de relojes, que esa manía tiene que ver con un vacío de mi niñez y una obsesión con el tiempo. Me alzo de hombros.

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A mí me parece un juego y un ejercicio de constancia. Es sorprendente  la visión casi artística (tal vez sería mejor llamarla ingenieril) que algunos fabricantes de estas piezas tienen. Lo que sí: todo coleccionista aspira secretamente a mostrar su catálogo a sus amigos.

Es sorprendente, asimismo, las cantidades que otros coleccionistas me han ofrecido por piezas que he encontrado en viejos bazares a precios tan ínfimos que ni merece ser mencionado.

En las apps de intercambio, por supuesto, he hallado piezas de una originalidad y un precio tan accesible que me impresionan.

Reunidos con amorosa lentitud

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Al mismo tiempo me es triste ver cómo diversos coleccionistas de otros objetos, como carritos o cartas animé, un día tienen una crisis existencial y se deshacen de sus objetos reunidos con amorosa lentitud.

En mi caso, coleccionar me ha dado cierto gusto estético que me hace distinguir el precio del valor. Y me ayuda a comprender que una colección no es un mero amontonamiento de objetos sino el mapa de un gusto.

 

 Juan Carlos Cruz

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