La adquisición de ropa después del COVID-19

Una crónica de la adquisición de ropa, muebles y bisutería después del COVID-19.

ropa

Intercambio de ropa

Luego de algunos meses de confinamiento, incertidumbre y cambios radicales, salgo de mi ciudad natal, León, a Guadalajara.

En esta otra localidad me topo con las sorpresas de que los tianguis de Santa Tere, el mercado Alcalde y hasta los de Obregón, donde solía comprarme ropa, cambiaron radicalmente en este trance.

Ya no se ve la variedad de prendas, bisutería y artículos que antes solía encontrar en ellos. Ahora, en cambio, hay una forma de comercio informal más bien debilitada, y más parecido a un baratillo de chácharas que a los puestos que eran indicadores de la moda de ciertas clases medias.

Lo atribuyo a la disminución y al momentáneo paro de la fabricación y las importaciones de China, país que, por lo menos de tres décadas para acá, proveía de moda de bajo costo (y calidad) a esta forma de comercio. Aunque sé que hay más causas de fondo.

No sé si es bueno o malo: por un lado, eran el sustento de cientos de familias, y por el otro, los causantes de que la industria nacional hubiera cerrado fábricas y sustraído empleos formales.

Regreso a mi León natal, enciendo mi computadora y luego de un rato de navegar en internet me encuentro con que, sin ir más lejos, aquí mismo puedo hallar ropa de mi gusto y en perfecto estado en una tienda de trueque

tianguis

Trueque

En el trayecto que hago de mi casa a la tienda en cuestión, pienso que incluso la tradición de los tianguis que nos viene desde antes de la Conquista puede mermar y, en cambio, que pronto muchas casas serán convertidas en almacenes de venta por catálogo. 

Por último, llego a la tienda de trueque y me doy cuenta de que a veces las conjeturas de mi imaginación me dan una idea limitada de las muchas posibilidades que abrió internet respecto a la adquisición de ropa. 

 

 

 

Juan Carlos Cruz │

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