Moda para la oficina

La moda para la oficina cambió de aires y ahora apunta a lo relajado.

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Moda de oficina

De pronto el código de vestimenta de la oficina se relajó. Atrás quedó el uso diario de corbatas, zapatos de tacón alto, los conjuntos ejecutivos, las bolsas Givenchy.

Aun en los altos mandos ocurrió así. Es decir, estos, solo durante el lapso de la videoconferencia, cambiaban las camisas sin mangas por un elegante blazer (finalmente la ropa también es para proyectar poder y/o seguridad).

Era una tendencia que ya se vislumbraba, pero, con la pandemia, se precipitó. Comenzaron a verse con más frecuencia tenis, mezclilla, camisas abiertas, playeras estampadas y, en ocasiones, hasta chanclas.

No es lo único que cambió. Como la producción de ropa superó a la demanda emergieron o se potenciaron los esquemas para adquirir ropa como el arrendamiento y el trueque. Se haría un alto en el camino para hacer circular la ropa existente de forma amigable con el ambiente. La era industrial cedería paso a la del reciclaje. 

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El gran bazar del mundo

Mientras tanto, en el mundo de los grandes almacenes, ocurría lo opuesto: los empleados vestían formalmente, y los directivos, casuales. Pero en ambos casos predomina una visión individual de lo que significaba ser formal.   

De algunos freelancer no hay mucho que decir, salvo que igual andan en pijama y solo a veces ataviados en una combinación que ellos consideran formal (una camisa de Star Wars con un saco y tenis blancos, digamos).

De vivir en el gran teatro del mundo donde cada quien representa su papel, pasamos a representar nuestro personaje en el gran bazar mundial, un sitio en el que, como las formas del caleidoscopio, todo cambia, da vueltas y retorna.

Por eso, si quieres cuidar el medioambiente, dar en cambio una prenda en perfecto estado, adquirir una pieza a precios de locura, o simplemente conocer este innovador esquema, acude a Te Lo Cambio. 

 

 

 

Juan Carlos Cruz

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